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26 may 2011

Los maestros de Monzó

«Hace años acepté pasar un fin de semana en un hotel de Sitges explicando a un grupo de quince o veinte personas qué entiendo por cuento y por narración, y las diferencias hay entre una y otra cosa, si es que las hay. Para aclarar un poco mis ideas preparé antes una lista de doce cuentos que me parecían —y me parecen— modélicos. Hubiesen podido ser muchos más, de los mismos y de otros autores, pero entonces hubiesen sido demasiados para poder hablar con detalle de cada uno de ellos.

»Al cabo de los años, un día busqué la lista y no la encontré en ninguna carpeta. Tiempo después, encontré en una galería de arte a una mujer que había asistido a aquellas sesiones. Hablamos de diversas cosas, entre ellas de aquel fin de semana. Le expliqué que había perdido la lista con los doce cuentos y me dijo que ella había conservado la que les repartí. Al cabo de unos días me pasó una fotocopia. La lista es esta. En vez de doce cuentos ahora hay trece porque el último lo leí hace pocos años y me parece injusto que no aparezca porque es una maravilla.


»“El cobrador”, de Rubem Fonseca.


»“El regimiento extraviado”, de Italo Calvino.


»“Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar.


»“El último viaje del buque fantasma”, de Gabriel García Márquez.


»“Todos los hombres son iguales”, de Adolfo Bioy Casares.


»“Los asesinos”, de Charles Bukowski.


»“El amor es ciego”, de Boris Vian.

»“Instrucciones para subir una escalera”, de Julio Cortázar.


»“La revolución”, de Sławomir Mrożek.


»“Invasión sutil”, de Pere Calders.


»“Un accidente pedestre”, de Robert Coover.


»“Muchacha que cae”, de Dino Buzzati.


»“The cliff” (“El acantilado”), de Charles Baxter.»

16 may 2011

Entrevista - Quim Monzó



BR: Hasta ahora gran parte de tu obra se presenta en forma de narraciones cortas, a veces cortísimas, y en artículos periodísticos. ¿Qué ventajas tiene esta forma para tí ¿Cambiarás de vehículo (literario) en un futuro próximo?
QM: Hasta ahora he publicado tres novelas y cinco libros de relatos. Voy cambiando de vehículo (literario) cuando me parece. En cualquier caso, el relato es rápido, ágil y vibrante. Es un género muy cercano al poema, y aunque hay gente que considera que es ¿un género menor?, también hay quienes, por pura ley del péndulo, consideran que la novela es un género fácil y que el género realmente meritorio, divino, es el relato. También esto es mentira.
BR: La crítica internacional te ha emparentado más de una vez con Franz Kafka: estilísticamente tenéis cierto parecido y ambos sois observadores agudos del comportamiento y las neurosis de la ciudad moderna. La Inestabilitad y El Determinio(de El porqué de las cosas) son dos buenos ejemplos. ¿Consideras que es una comparación justa?
QM: Para mi, evidentemente, es un halago. Kafka es uno de los dioses del siglo XX.
BR: Dices que Kafka ha influido en tu obra. ¿Podrías darnos otros nombres?
QM: Cuando era adolescente fue la época del boom latinoamericano. Me quedé profundamente marcado. Sobretodo por Bioy Casares, Cortázar, Cabrera Infante, García Márquez, Juan José Arreola... ¿Otros? Los italianos Giorgio Manganelli, Dino Buzzatti, e Italo Calvino. Franceses como Raymond Queneau y Boris Vian. Americanos como Robert Coover y el último Donald Barthelme, el de la época entre Amateurs yParadise.
BR: Has mencionado a Robert Coover. ¿Pueden vivir el hiperrealismo y el humor el uno sin el otro?
QM:El humor sin hiperrealismo, sí. Pero el hiperrealismo sin humor, no. En arte, sin humor -un humor sutil e invisible- no hay nada digno de perdurar.
BR: A un nativo de los Estados Unidos el hiperrealismo le hace pensar en Raymond Carver, a quien no asociamos para nada al humor, y, sí, seguramente, al patetismo. Por lo que conozco de tu obra, diría que se puede emparentar más con la de Robert Coover. Es decir, que hay una fusión de realismo, fantasía y sátira, pongamos por caso, en la yuxtaposición de unas leyendas famosas con unos inventos propios. No quiero remitirme a las etiquetas, pero para aquellos que aún no hayan tenido la oportunidad de leerte, sobre todo los -hasta ahora- desafortunados lectores anglófonos, ¿podrías aclararnos tu visión del hiperrealismo?
QM: Cuando pienso en el hiperrealismo pienso sobretodo en pintura. En literatura, ¿cómo llamáis a aquello que hacía Carver? ¿Hiperrealismo? ¿Minimalismo? A mí, de hecho, el realismo a secas, el realismo y nada más, pues, francamente, no me ha emocionado nunca mucho. No sé porqué, pero tengo una idea diferente: que la literatura no es la vida, aunque se inspire en ella. Creo que la literatura tiene unas posibilidades que la vida no tiene -y viceversa- y me parece empobrecedor, en nombre de un sacrosanto realismo, limitarse a reproducir la realidad, aunque sea para evidenciar cuán vacía, cuán banal es.
Compitiendo con la vida, en el terreno de la vida, la vida tiene siempre las de ganar. Pero es que además es un error: la literatura no es la vida, ni lo será nunca. Me hablas también de Robert Coover. ¿Qué puedo decirte? Pues que a este sí que lo admiro profundamente.
BR: ¿Cómo mantienes la paz mental cuando analizas el caos del comportamiento individual y social que ves a tu alrededor? ¿Participas en este caos con el alma alegre y despreocupada, o con el corazón frío de un asceta que vaticina la desintegración inminente de su propia sociedad?
QM: Es que no creo que analice ningún caos del comportamiento individual y social. Yo escribo historias, nada más. No me planteo si de una manera fría o alegre. Si me lo plantease quizás sería todo demasiado mecánico y perdería las ganas de escribirlas.
BR: ¿Podrías avanzarme algunos detalles de tus proyectos literarios inminentes?
QM: Es difícil hacerlo. Aunque estés escribiendo, hasta que aquello que escribes no está acabado del todo y estás lo suficientemente satisfecho para enseñárselo a los otros, no sabes qué estás escribiendo exactamente.
BR: ¿Crees que la pornografía es un elemento indispensable en tu obra?
QM: No. A mí, personalmente, la pornografía me interesa mucho, pero no me es indispensable.
BR: ¿Has escrito alguna vez algún cuento puramente pornográfico?
QM: Sí, lo he hecho. En una época escribí bastantes, con pseudónimo, para una revista de rock que se llamaba Musical Express.
BR: Se han vendido 600.000 ejemplares de tus libros en catalán y se han hecho hasta ahora 22 ediciones del El porqué de las cosas. La película de este libro se presentó en el Festival de Cine de Montreal hace unos pocos meses y fue muy bien recibida por la crítica especializada. Tu obra se ha traducido al menos a nueve idiomas, desde el finés al japonés. Has traducido a Truman Capote y a James Finn Garner (Contes per a nens i nenes políticamente correctes), entre otros, al catalán. Además tienes la obra completa de Robert Coover en el inglés original. Parece evidente que te encuentras a gusto con otros idiomas y culturas, además de la tuya. ¿Estás contento con las traducciones que se han hecho de tus obras? ¿Has colaborado en alguna de ellas?
QM: Colaboro en aquellas que entiendo. En español, evidentemente. Tanto con Marcelo Cohen como con Javier Ercas hemos revisado siempre hasta la última coma y hemos valorado cada adjetivo, cada construcción, cada filigrana. Con el francés y el italiano me he encontrado con traductores que me consultaban las dudas, cosa que es de agradecer, porque todo el que haya traducido alguna vez sabe que siempre aparecen dudas. Del alemán para arriba, entonces sí que no entiendo nada.
BR: Hasta ahora O´Clock (1986) es la única traducción que se ha hecho del inglés de un libro tuyo, lo que no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta la gran cantidad de traducciones de tu obra en otras lenguas extranjeras. ¿Cómo explicarías la falta de traducciones de tus libros al inglés?
QM: Supongo que no les debe interesar.
BR: Participaste como comentarista sociológico en el programa ¿Personas humanas? de Mikimoto para la televisión catalana, una revista cultural muy popular de un humor tierno y satírico. ¿Qué sacaste de esa experiencia televisual?
QM: Me gusta la tele. Me pasé un año haciendo ese programa, uno por semana. ¿Qué saqué de todo ello? Quizás que escribir para televisión es una variante más de la literatura periodística, como la que se publica habitualmente en la prensa.
BR: ¿Cómo llevas a término la investigación necesaria para escribir un artículo periodístico?
QM: ¿Investigación? Piensa que el tipo de columna que yo hago es más bien un comentario personal, un punto de vista personal, no tanto un reportaje de investigación.
BR: La película de El porqué de las cosas se presentará pronto en Buenos Aires. ¿Es posible que también se estrene pronto en los Estados Unidos? Además corren ciertos rumores acerca de un proyecto de película basada en La magnitud de la tragedia. ¿Nos podrías confirmar esto?
QM: No lo sé. Ventura Pons es quien sabe exactamente cómo está todo esto. Sé que la película se estrenó en Montreal. No sé si se pasó también en el Canadá anglófono o sólo en el francófono. (La magnitud de la tragedia). Existe una película, ya filmada, que lleva por título ¿Primats?. Está basada en La magnitud de la tragedia pero de una manera tan, tan alejada, que no hay ningún personaje ni ninguna situación del libro en la película. Sólo hay el asunto de la erección. Hay un gorila que en un momento determinado tiene una erección pero no sé si permanente, ni se qué provoca esta erección.
BR: Me gustaría que hicieras un comentario brevísimo (unas veinte palabras) sobre la actualidad política de Cataluña.
QM:¡No, piedad! Esto sí que no...
BR: Como lengua genérica en su territorio, ¿está el catalán está condenado al éxito, a la latinización o al olvido?
QM: El catalán está en pleno proceso de irlandización o de occitanización. Está en plena agonía. A veces pienso que los escritores yiddish, como Singer, debían sentir algo parecido a la que yo siento: que bajo mis pies el país desaparece.



28 jun 2010

EL CUENTO

A media tarde el hombre se sienta ante su escritorio, coge una hoja de papel en blanco, la pone en la máquina y empieza a escribir. La frase inicial le sale enseguida. La segunda también. Entre la segunda y la tercera hay unos segundos de duda.
Llena una página, saca la hoja del carro de la máquina y la deja a un lado, con la cara en blanco hacia arriba. A esta primera hoja agrega otra, y luego otra. De vez en cuando relee lo que ha escrito, tacha palabras, cambia el orden de otras dentro de las frases, elimina párrafos, tira hojas enteras a la papelera. De golpe retira la máquina, coge la pila de hojas escritas, la vuelve del derecho y con un bolígrafo tacha, cambia, añade, suprime. Coloca la pila de hojas corregidas a la derecha, vuelve a acercarse la máquina y reescribe la historia de principio a fin. Una vez ha acabado, vuelve a corregirla a mano y a reescribirla a máquina. Ya entrada la noche la relee por enésima vez. Es un cuento. Le gusta mucho. Tanto, que llora de alegría. Es feliz. Tal vez sea el mejor cuento que ha escrito nunca. Le parece casi perfecto. Casi, porque le falta el título. Cuando encuentre el título adecuado será un cuento inmejorable. Medita qué título ponerle. Se le ocurre uno. Lo escribe en una hoja, a ver qué le parece. No acaba de funcionar. Bien mirado, no funciona en absoluto. Lo tacha. Piensa otro. Cuando lo relee también lo tacha.
Todos los títulos que se le ocurren le destrozan el cuento: o son obvios o hacen caer la historia en un surrealismo que rompe la sencillez. O bien son insensateces que lo echan a perder. Por un momento piensa en ponerle Sin Título, pero eso lo estropea todavía más. Piensa también en la posibilidad de realmente no ponerle título, y dejar en blanco el espacio que se le reserva. Pero esta solución es la peor de todas: tal vez haya algún cuento que no necesite título, pero no es éste; éste necesita uno muy preciso: el título que, de cuento casi perfecto, lo convertiría en un cuento perfecto por completo: el mejor que haya escrito nunca.

Al amanecer se da por vencido: no hay ningún título suficientemente perfecto para ese cuento tan perfecto que ningún título es lo bastante bueno para él, lo cual impide que sea perfecto del todo. Resignado (y sabiendo que no puede hacer otra cosa), coge las hojas donde ha escrito el cuento, las rompe por la mitad y rompe cada una de esas mitades por la mitad; y así sucesivamente hasta hacerlo pedazos.

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