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29 mar 2013

Leer como un escritor


Hace falta leer de una determinada manera: tenemos que leer como un escritor para aprender a usar el lenguaje escrito de la misma manera que lo usan los buenos escritores. No hay otra manera de adquirir el complejo y numeroso conjunto de conocimientos necesarios para escribir.
Para leer como un escritor nos comprometemos con el autor del texto y, leyéndolo, lo reescribimos con él. En cada paso, en cada nueva frase o en cada párrafo nuevo, anticipamos lo que dirá el texto, de forma que el autor no sólo nos está enseñando cómo se usa el lenguaje escrito, sino que, precisamente, está escribiendo para nosotros todo aquello que quisiéramos escribir. El autor se convierte en un colaborador inconsciente que hace todo aquello que quisiéramos hacer. Escribe con ortografía y gramática correctas todas las frases que quisiéramos puntuarlo y cohesionarlo. Lentamente, con poco tiempo y sin esfuerzo, aprendemos todo lo que necesitamos para escribir. Leyendo como un escritor aprendemos a escribir como un escritor.
Pero no siempre leemos de esta forma. Los niños, por ejemplo, no aprenden a hablar como sus maestros porque no les interesa pertenecer a ese grupo de personas; en cambio, imitan el lenguaje de los grupos a los que pertenecen o quieren pertenecer. De la misma manera tampoco aprendemos a escribir como una guía telefónica o como un diccionario, aunque de vez en cuando los leamos. En estos casos, leemos como un receptor, es decir, como un simple lector. En esos casos, nos interesa comprender la información que contiene el texto y no deseamos aprender a escribir como los autores de estos libros. No queremos pertenecer al grupo de personas que escriben este tipo de textos.
Así pues, podemos leer de dos maneras y sólo una de ellas sirve para adquirir el código escrito. Este hecho explica por qué determinadas personas que son buenos lectores no son además escritores competentes. Se trata de individuos que leen exclusivamente como lectores, como un receptor.

2 dic 2010

LOS PROCESOS DE COMPOSICIÓN

Escribir es un proceso; el acto de transformar pensamiento en letra impresa implica una secuencia no lineal de etapas o actos creativos.
JAMES B. GRAY

El proceso de escribir me recuerda los preparativos para una fiesta. No sabes a cuánta gente invitar, ni qué menú escoger, ni qué mantel poner... Ensucias ollas, platos, vasos, cucharas y cazos. Derramas aceite, lo pisoteas, resbalas, vas por los suelos, sueltas cuatro palabrotas, maldices el día en que se te ocurrió la feliz idea de complicarte la existencia. Finalmente, llegan los invitados y todo está limpio y reluciente, como si nada hubiera pasado. Los amigos te felicitan por el banquete y tú sueltas una de esas frases matadoras: «Nada..., total media hora... ¡Todo lo ha hecho el horno!»
[GS]

Los procesos de composición del escrito son una línea de investigación psicolingüística y un movimiento de renovación de la enseñanza de la redacción. Su campo de acción es el proceso de composición o de escritura, es decir, todo lo que piensa, hace y escribe un autor desde que se plantea producir un texto hasta que termina la versión definitiva. Ha recibido mucha influencia de la psicología cognitiva y la lingüística del texto, y está provocando importantes cambios en la enseñanza de la escritura.
A partir de los años setenta, en los EE.UU., varios psicólogos, pedagogos y profesores de redacción empezaron a fijarse en el comportamiento de los escritores cuando trabajan: en las estrategias que utilizan para componer el texto, en las dificultades con que se encuentran, en cómo las solucionan, y en las diferencias que hay entre individuos. A partir de aquí aislaron los diversos subprocesos que intervienen en el acto de escribir: buscar ideas, organizarlas, redactar, revisar, formular objetivos, etc; también elaboraron un modelo teórico general, que paulatinamente se ha ido revisando y sofisticando.
La investigación descubrió diferencias significativas entre el comportamiento de los aprendices y el de los expertos, que parecen relacionarse con la mala o buena calidad de los textos que producen unos y otros. En síntesis y de una forma un tanto tosca, los expertos utilizan los subprocesos de la escritura para desarrollar el escrito; buscan, organizan y desarrollan ideas; redactan, evalúan y revisan la prosa; saben adaptarse a circunstancias variadas y tienen más conciencia del lector. En cambio, los aprendices se limitan a capturar el flujo del pensamiento y a rellenar hojas, sin releer ni revisar nada.
Puesto que los resultados de estas investigaciones ya se han difundido bastante entre nosotros, remito al lector a Cassany (1987 y 1990) y a Camps (1990a, 1990b y 1994). A continuación me limitaré a citar cuatro implicaciones que tiene esta corriente para nuestra cocina:

Si la legibilidad y el estilo llano tratan de cómo tiene que ser el escrito, esta tercera vía trata de cómo trabaja el escritor/a. Describe las estrategias cognitivas que utilizamos para escribir y propone técnicas y recursos para desarrollarlas. A título de ejemplo:
Buscar ideas: torbellino de ideas, estrella de las preguntas, escritura libre o automática.
Organizar ideas: ideogramas, mapas mentales, esquemas.
Redactar: señales para leer, variar la frase, reglas de economía y claridad.

Fomenta el crecimiento individual del escritor, más que el uso de recetas, fórmulas o técnicas establecidas de escritura. No hay una única manera de escribir, sino que cada cual tiene que encontrar su estilo personal de composición.
Escribir es un proceso de elaboración de ideas, además de una tarea lingüística de redacción. El escritor tiene que saber trabajar con las ideas tanto como con las palabras.
Escribir es mucho más que un medio de comunicación: es un instrumento epistemológico de aprendizaje. Escribiendo se aprende y podemos usar la escritura para comprender mejor cualquier tema.

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