8 jul 2011

Diarios

7 de enero de 1984

Empieza el año que da título al éxito de ventas de Orwell. Si bien su vaticinio no se ha cumplido, a cambio se ha impuesto la realidad diaria: el terror nuclear. Un corresponsal recuerda con nostalgia la época decimonónica, el llamado progreso pacífico. Llegué a este mundo en el umbral de esta centuria y, al pensar en la primera década de mi vida, cuando el siglo XIX todavía era una realidad, sólo recuerdo que la cotidianidad era indeciblemente más fatigadora, más primitiva, más insalubre que en este maldito siglo XX, en el que millones de personas han sido masacradas en guerras y revoluciones al tiempo que, para las masas, la existencia ha sido más humana que en cualquier época anterior. En ciento cincuenta años la esperanza de vida se ha duplicado. Década de 1810: el planeta albergaba aproximadamente mil millones de habitantes; para el albor del nuevo milenio con toda probabilidad la cifra rondará los seis mil millones. En el siglo XIX se proclamó con orgullo que era posible dar la vuelta al mundo en ochenta días; hoy basta con noventa minutos. Mi tío paterno falleció en 1849 "por una afección intestinal debida a las pésimas condiciones de nuestra patria"; hoy sólo los muy tontos mueren de apendicitis. ¿Fue mejor el siglo pasado? ¿Qué significa "mejor"? Es innegable que hoy vivimos más y más rápido.

9 de enero

Edmund Wilson. Tras su reciente muerte acaban de editar en un volumen de bolsillo una selección de sus ensayos críticos: The Portable Edmund Wilson . Ha sido uno de los más ilustrados testigos del presente siglo; un espíritu lúcido e independiente en el mercadillo donde trapichea la crítica literaria americana y, en gran parte, la europea. Uno de sus estudios describe las circunstancias del nacimiento del melodrama La cabaña del tío Tom , célebre novela de Harriet Beecher-Stowe que leí siendo adolescente, aunque desde entonces no he vuelto a ella. No obstante, ni la obra en sí ni la crítica de Wilson han perdido un ápice de actualidad, teniendo en cuenta que este año Jesse Jackson, un hombre de color, se ha presentado a las elecciones presidenciales estadounidenses. Todo un cambio respecto a cuando llegamos al país hace treinta y dos años: por entonces semejante eventualidad habría sido impensable. En las últimas tres décadas la población negra ha avanzado increíblemente en América, no se ha "emancipado" pero ha alcanzado puestos que habrían sido impensables en la primera mitad del siglo. Sólo espero que en el caos de la pasión electoral no abatan a Jackson de un tiro, porque eso provocaría una profunda crisis. La cabaña del tío Tom se ha convertido en objeto de seminarios universitarios, aunque en la actualidad sigue existiendo algo parecido: el tío Tom de hoy va en coche, frecuenta libremente restaurantes y hoteles, puede alcanzar sus aspiraciones en cualquier tipo de trabajo siempre que tenga la capacidad necesaria? lo cual no siempre sucede. Pese a ello, la ingenua y sentimental obra de Harriet Beecher-Stowe resulta hoy una lectura grotesca y aterradora. Refiriéndose al célebre libro, Wilson cita los métodos de un capataz de las plantaciones del Sur, un tal Simon Legree, que azotaba a los esclavos. Algo similar a lo que ocurría en las perreras nazis: los kapos , que a veces eran los mismos judíos polacos, se mostraban tan crueles como sus verdugos con sus propios compañeros. Y lo mismo sucedía y sigue sucediendo en los gulags, tal como lo describieron Solzhenitsyn y otros.

15 de enero

Elogian a un ensayista más que erudito, un sabelotodo que llena sus escritos con lo primero que le viene a la cabeza. Y eso que, desde la invención de la imprenta, el saber por el saber no constituye ninguna virtud: para acceder a él no hay más que acercarse a la estantería donde se alinean infinitos volúmenes de enciclopedias que registran y explican todos los datos imaginables. Antes de Gutenberg, el conocimiento en todas sus acepciones entrañaba un gran sacrificio, pues había que buscar incansablemente la materia que se deseaba aprender. En cambio, hoy en día la erudición ha dejado de representar un sacrificio; si uno no lo sabe todo acerca de lo que habla, es por simple pereza. La auténtica virtud reside en ofrecer algo nuevo y original a partir de estos conocimientos previos. Los tomos de las enciclopedias son ladrillos que tanto pueden servir para levantar presidios como catedrales. Ya no es difícil saber, pero crear algo nuevo a partir de los datos sigue siendo tan arduo hoy como lo ha sido siempre.

Todos los géneros literarios tienen una forma interior propia. Si ésta no se manifiesta de alguna manera, la obra resulta excesivamente descarnada, fría, tal como dice Arany. El género policíaco, por ejemplo, se basa en una de esas formas que, por otra parte, no se aprenden ni pueden emularse: hay que crearlas una y otra vez.

No hay "matrimonios malos". De hecho, todos son iguales: ni buenos ni malos; simplemente matrimonios.

12 de febrero

Dice Edmund Wilson que alrededor de 1932, en los años de la Gran Depresión, San Diego era el destino preferido de los suicidas americanos: los deprimidos y los desesperados venían aquí para morir. Entre 1911 y 1927 llegaron más de quinientas personas para suicidarse. La ciudad entonces tendría unos trescientos mil habitantes. Hoy tiene el triple; sin embargo, el número de suicidas ha disminuido, la gente se traslada aquí porque espera vivir al calor del sol.

20 de febrero

Testimonios sobre el bilingüismo en la prensa de los exiliados. El problema crítico de todas las emigraciones es en qué medida asimila el desplazado el idioma de la comunidad que lo acoge, en detrimento de su lengua materna. Sin embargo, para el escritor ello no ha de constituir problema alguno, por que si se separa de la lengua materna e intenta escribir en el idioma extranjero cortará al mismo tiempo el cordón umbilical, el contacto con el lenguaje que lo sustentaba y mantenía vivas su conciencia y capacidad creativa. Cuando uno escribe en una lengua extranjera puede expresar ideas, pero "escribir", es decir, crear, sólo puede hacerlo en su idioma materno. Todo esto no era un secreto para mí cuando hace treinta y seis años me marché de Hungría: llegara adonde llegase, sería escritor húngaro.

Todas las noches, antes de apagar la luz, leo poesía húngara del siglo XVI. Y después, la última ronda: la obra de Gyula Juhász. Los versos de este autor deprimido y maniático en ocasiones resuenan a Ady; sin embargo, sus grandes poemas puros son nobles y "húngaros". De ellos irradia una "poesía purificada" de toda fraseología lírica que sólo se encuentra en las obras de unos pocos contemporáneos. Juhász sabía que la poesía se halla en la materia del mundo, en todos sus prodigios, como la estatua en el mármol; sólo falta revelar la forma.

3 de marzo

Me siento enfermo y muy cansado; es posible que me consuma un gusano por dentro, o tal vez sea que las pilas están a punto de agotarse. Pero todavía cumplo con el paseo corto de por la mañana y con el de tres cuartos de hora por la tarde; eso me ayuda a pasar los días. La proximidad de la muerte confiere a la conciencia más fuerzas que desánimo.

Un director de cine de Budapest (nunca había oído su nombre) me escribe una carta donde me pide que vuelva porque "el gesto vacío", esto es, el exilio, carece ya de sentido; en Hungría todo ha cambiado para bien, la vida es alegre, etc. Califica de "gesto" el hecho de que yo lleve treinta y seis años en el extranjero y me invita a volver a casa, donde me recibirán "a bombo y platillo o de incógnito", como yo prefiera. Estos casos me dejan estupefacto por lo poco que saben los contemporáneos sobre las razones que motivan a cada uno. Mi desconocido corresponsal da por supuesto que voy a formar parte de los "idiotas útiles", por emplear la expresión de Lenin. Y entonces siento un gran alivio al pensar que todo un océano me separa de esa clase de gente.

18 de marzo

Hoy hace cuarenta años que celebramos una cena en mi casa de la calle Mikó con ocasión de mi santo. Por entonces la vida seguía tranquilamente su curso: teníamos dos criadas y vivíamos en un piso grande. Se puso la mesa como corresponde en tiempos de paz, con la plata y la porcelana; todo como debe ser. Los invitados se marcharon y quedó la familia: mi madre, la tía Juli, mi cuñado Gyuszi, mi cuñada Tuci y Alice Madách. Mis hermanos vivían aún. Pero esa misma noche las tropas nazis ocuparon Budapest. Todo quedó roto: la vida, el trabajo, Hungría, el viejo orden y también el desorden. Una ruptura total. Yo tenía cuarenta y cuatro años, acababa de salir de una grave enfermedad. Dos semanas más tarde fuimos a vivir a Leányfalu, al exilio, con perros y criadas. Empezó el bombardeo de Budapest; el último día del sitio la casa sufrió treinta y seis cañonazos y explosiones de bomba; resultado: destrucción completa. La mitad de mi vida quedó allí. Entonces empezó el segundo round : la peregrinación a través de varios continentes. Hoy hace cuarenta años que se destruyó el yo que fui y cobró forma ese otro que soy en la actualidad. El mismo que ahora se desmorona.

18 de abril

Hoy en día, el escritor que intenta crear algo diferente de lo que la industria de consumo produce para alimentar a los lectores es como el cojo que anda con prótesis, pero de todas formas intenta presentarse a una carrera de cien metros.

8 de mayo

Lecturas a medianoche, con un solo ojo. Borges, relatos. Tenía cincuenta y cinco años cuando comenzó su ceguera, y se refugió en un misticismo más bien de tipo árabe. Sus historias están repletas de metáforas, de ejercicios mentales y crueldades orientales. En ellas el escritor expresa la ira y el odio que le inspira la ceguera: ira y odio hacia la gente que no puede ver, sólo tocar, oír, captar olores? Escribe sobre un tirano oriental que "tenía dieciséis ciegas en su harén?". Esta traducción al húngaro, editada recientemente en Bucarest, incluye una estupenda introducción de Deák (no lo conozco), para quien Borges no es un verdadero místico, sino que simplemente mistifica. Es cierto.

En todo lo demás el ensayo es de mucho nivel; indicios prometedores de la nueva generación. 


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